jueves, 14 de enero de 2010

SUSTENTABILIDAD AMBIENTAL: A PROPÓSITO DE DOS ARTÍCULOS Y UN LIBRO

El número de Octubre 2009 de Scientific American incluye dos interesantes artículos. Uno, sobre las existencias mundiales de hidrocarburos (“ Squeezing more oil from the ground”, L. Maugeri, p36-43), que muestra, con buenos argumentos científicos y técnicos, que al menos hay reservas explotables para otro siglo. A juicio del autor, el mayor problema está en sus precios, los que responden más a las variables percepciones del mercado que a realidades económicas o técnicas. Ello tiene repercusiones ambientales, porque si los precios son muy altos (en las actuales condiciones, mayores de US $70 el barril), métodos de producción de combustibles líquidos que son ambientalmente ineficientes, como la conversión de maíz en etanol, pasan a ser económicamente viables. Por el contrario, si ese precio baja de US$50, las medidas de conservación pierden efectividad , así como su posible producción a partir de fuentes renovables “eficientes”. El artículo incluye una estimación de la “huella de carbono” para diferentes formas de producción de combustibles líquidos. La más baja (5.98) corresponde al diesel obtenido a partir de soya y la mayor (23.15) al diesel producido a partir de carbón.
Un segundo artículo: “Lost cities of the Amazon”, de M.J.Heckenberger, pp. 44-51, muestra que nuestra idea de la foresta amazónica como “pura naturaleza”, con muy bajo grado de intervención humana, es bastante equivocada. Por el contrario, esa foresta estuvo densamente poblada antes de la llegada de los exploradores y colonizadores europeos. Lo más interesante es que esas poblaciones lograron desarrollos efectivamente sustentables, centrados en aldeas de mil o más habitantes. Alrededor de estos poblados de forma circular, estaban las plantaciones de mandioca, árboles frutales, árboles proveedores de materiales de construcción etc. Igualmente lograron desarrollar suelos oscuros, ricos en materia orgánica y en nutrientes, lo que les permitió sustentar poblaciones varias veces superiores a las que alcanzan hoy los sucesores de esos pueblos prehispánicos.
¿Cómo terminó ese mundo, aparentemente sustentable en el recto sentido de la palabra? Probablemente destruido por las epidemias como la viruela, que los conquistadores trajeron involuntariamente como vanguardia de sus tropas, y para las cuales la población nativa no tenía defensas. Hoy, la expansión de la población y de la economía de Brasil está completando la destrucción al acelerado ritmo que permite la modernidad. Así, en la región del Mato Grosso la deforestación avanza a una tasa de cinco hectáreas por minuto, y al actual ritmo el bosque transicional de la parte sur de la Amazonía será reducido, en el curso de la presente década, a una quinta parte de su extensión original. Parte de la producción agrícola de esas tierras se destina a la producción de soya. Como señalamos antes la soya permite producir un diesel de “baja huella de carbono” pero, ¿Cuánta capacidad de fijar CO2 se pierde al destruir la foresta?
El tema de la destrucción de la foresta amazónica debería preocuparnos, porque los frentes húmedos atlánticos responsables de las únicas precipitaciones de nuestro extremo norte (las del Invierno Altiplánico), pueden ser afectados al convertirse esa selva en una especie de sabana semiárida. Sin embargo, pese a que existe conciencia respecto a los probables efectos climáticos, al menos continentales, de esa destrucción, poco o nada se hace por evitarla.
Lo anterior lleva a interrogarse sobre la capacidad del ser humano para reaccionar respecto a las amenazas que afectan su supervivencia (como en la figura de la rana, que no abandona el recipiente con agua cuya temperatura crece gradualmente). Esta temática ha sido desarrollada magistralmente por el geógrafo y biólogo Jareed Diamond en su libro Colapso, que examina los últimos quince mil años de la humanidad, y sus éxitos y fracasos en su adaptación al medio. Así, los colonizadores vikingos fracasaron en Groenlandia, porque quisieron vivir como europeos, mientras los más primitivos pero bien adaptados inuits fueron exitosos. En cambio, hay pocos casos que muestren una efectiva capacidad de reacción frente a los desastres causados por conductas equivocadas. Diamond cita dos bastante notables, relacionados con el rescate en última instancia, de la cubierta forestal. El primero ocurrió en el Japón gobernado por los shogunes Tukugawa entre 1750 y 1800, los que promulgaron e hicieron cumplir una avanzada legislación forestal, cuando ese país estaba a punto de perder sus bosques (con los efectos sobre la erosión de los suelos, la pérdida de capacidad hidrológica etc que ello acarrea). El otro caso es de la segunda mitad del siglo pasado y corresponde a un discutido presidente de la República Dominicana, Balaguer, que se propuso la misma tarea, enfrentando la resistencia de gran parte de la población. Si hoy se compara Dominicana con la desventurada Haití (en la misma isla de Hispaniola), se comprueba que esa lucha solitaria valió la pena. Tal vez, los Tukugawa y Balaguer nos den una mejor idea de qué significa , en lo profundo, el concepto de patria, muy alejado de la idea de explotar hoy todo lo que se pueda, porque “total, mañana no voy a estar..”
Lo anterior es aún más complicado en materias como el calentamiento global. No faltan razones para eludir la responsabilidad personal o nacional. Desde luego, podemos decir que no está probado que sea efectivo o que se deba a las emisiones de gases invernadero. Qué la responsabilidad es de los países ricos, qué no podemos sacrificar las necesidades de los más pobres, qué la crisis económica no permite enfrentar ese tema por ahora etc, etc. Diamond nos relata como algunas sociedades fueron exitosas y otras fracasaron en términos de lograr desarrollos efectivamente sustentables. La gran pregunta es cómo se comportará, en este mismo sentido, la humanidad en su conjunto.

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